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Las bebidas energéticas y sus riesgos

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Llevan ya unas cuantas décadas entre nosotros y su consumo ha ido en aumento con el paso de los años. Hablamos de las bebidas energéticas, muy populares entre la población más joven y que pueden llegar a ser tan dañinas como las drogas. La primera bebida energética que salió al mercado fue Red Bull en 1987 en Austria concretamente. Desde entonces, su consumo y venta se han incrementado exponencialmente. Sus principales destinatarios, los adolescentes y adultos jóvenes bajo el reclamo de un incremento en su rendimiento físico y cognitivo. Actualmente, proliferan las marcas disponibles y los países distribuidores, teniendo una oferta amplia y variada de estos productos.

 

Síntomas de las bebidas energéticas

 

Dos de los principales ingredientes de las bebidas energéticas son la cafeína y la taurina, siendo la primera una de las sustancias psicoactivas más usadas en el mundo. La cafeína actúa como estimulante del sistema nervioso central y del corazón, mientras que la taurina afecta a la contractilidad del músculo esquelético. Su alta presencia en este tipo de bebidas las hace responsables de una serie de síntomas generalmente beneficios que se experimentan después de su consumo, entre los que encontramos:

  • Aumento de la energía
  • Reducción de la somnolencia y la fatiga
  • Mejor rendimiento en el ejercicio físico
  • Incremento del estado de alerta
  • Disminución de la frecuencia cardíaca
  • Relajación muscular
  • Aumento de la memoria

 

Complicaciones asociadas al consumo de bebidas energéticas

 

Además de las propiedades beneficiosas que se atribuyen a estas bebidas, multitud de publicaciones informan también de sus riesgos asociados, especialmente si se ingieren en altas cantidades o de manera prolongada. La atención sanitaria urgente relacionada con su uso ha aumentado año tras año de manera significativa desde que se generaliza su consumo. Los cuadros clínicos más frecuentes producidos por el consumo de bebidas energéticas son:

  • Intoxicación por cafeína: se caracteriza por la aparición de inquietud, taquicardia, nerviosismo, insomnio, náuseas, vómitos y aceleración del pensamiento. En los casos más graves también presenta graves arritmias cardíacas, convulsiones, hipotensión y muerte.
  • Síndrome de abstinencia a la cafeína: la dependencia fisiológica a la cafeína lleva asociado un cuadro sintomático con el cese del consumo, incluso tras la toma habitual de tomas bajas. Puede mostrarse a modo de náuseas y vómitos, aunque lo más frecuente suele ser el cansancio y la fatigabilidad, la cefalea y el empeoramiento del rendimiento cognitivo. También podría inducir ansiedad y síntomas depresivos. En consumidores habituales suele comenzar 12 horas después de la última ingesta. Alcanza su máxima expresión tras uno o dos días, aunque puede persistir durante una semana.
  • Crisis comiciales: en individuos epilépticos, un exceso de cafeína puede ser causa de disminución del umbral convulsivo. Esto sería especialmente significativo si se asocia a la falta de sueño.
  • Alteraciones vasculares y arritmia
  • Deterioro de las funciones ejecutivas y el rendimiento cognitivo: el efecto de la cafeína en el cerebro de los adolescentes podría tener consecuencias a largo plazo afectando al desarrollo normal de las funciones ejecutivas. Una falta de descanso interferiría globalmente con el proceso de maduración cerebral normal, pudiéndose producir deficiencias de la atención, irritabilidad y dificultades en la regulación de conductas.
  • Alteraciones endocrinometabólicas: el consumo crónico de bebidas energéticas podría dar lugar al desarrollo de obesidad y resistencia a la insulina, por su elevada concentración de azúcares por unidad.

La mayoría de los efectos adversos han sido asociados con sobredosis de cafeína. Se considera como consumo agudo elevado de cafeína una cantidad mayor o igual a 480 mg, lo que corresponde a la toma de más de tres latas de bebida energética. La dosis letal de cafeína está estimada en los 150 mg por cada kilogramo de peso. Esto equivale a 80-100 tazas de café para un adulto promedio o 5-10 gramos de cafeína.

 

Complicaciones psiquiátricas

 

A parte de los problemas fisiológicos relacionados con un consumo abusivo de bebidas energéticas, también existen una serie de complicaciones de tipo psiquiátrico. Estos problemas no solo atañen a las personas con patología mental previa, sino también a personas sanas. Los síntomas más frecuentes son:

  • Ansiedad: se ha relacionado el consumo elevado de bebidas energéticas y de cafeína con síntomas de ansiedad severa. Esto es especialmente destacable en pacientes anteriormente diagnosticados con trastorno de pánico, ansiedad social o trastorno de ansiedad generalizada.
  • Psicosis: se han descrito casos de psicosis tras una ingesta aproximada de 10-15 mg/kg/día, dosis menor que la considerada tóxica. También se ha visto la aparición de sintomatología psicótica en pacientes sin antecedentes de enfermedad mental. En general, los síntomas psicóticos mejoran tras el cese del consumo.
  • Trastorno bipolar: dosis elevadas de cafeína se han considerado como inductoras de síntomas maníacos y psicóticos en pacientes con trastorno bipolar o esquizoafectivo, pero también en personas sin antecedentes.
  • Trastorno de sueño: es inducido por el consumo de cafeína. La falta de sueño se ha observado con frecuencia como precedente al desarrollo de síntomas de enfermedad mental como depresión, psicosis o manía.

 

Marco legal de las bebidas energéticas

 

A pesar de que la venta de bebidas energéticas está permitida alrededor del mundo, existen restricciones más o menos severas en función de cada país. Por ejemplo, en países como Dinamarca o Suecia es obligatorio señalar en el etiquetado de las bebidas energéticas, bien la dosis de cafeína existente o las advertencias de su consumo. En Noruega, en cambio, estas bebidas pueden ser únicamente dispensadas en farmacias. O en Lituania, donde su venta está prohibida a los menores de edad, así como la publicidad en los medios a los que tengan acceso estos menores.

En España, la Agencia de Salud Pública de Cataluña emitió hace unos años un comunicado alertando de los riesgos. En concreto, desaconsejaba el consumo de bebidas energéticas a determinados grupos de población como mujeres embarazadas, niños o personas sensibles a la cafeína. Asimismo, alertaba del riesgo de tomar estas bebidas después de realizar actividades físicas por el riesgo de sufrir deshidratación. Y es que, aunque no se trata de una droga propiamente dicha, sus efectos pueden ser muy nocivos si se hace un mal uso de estas bebidas.

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