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Alcohol Y Cerebro, Una Relación Que Afecta Negativamente A La Salud.

Cuando un individuo dependiente de la bebida consume de forma recurrente, las consecuencias de beber alcohol a largo plazo pueden llegar a ser crónicas. El alcoholismo es una de las enfermedades más perjudiciales que existen en lo que se refiere a adicciones. Y, por otra parte, el órgano más afectado siempre es el cerebro. Por esta razón, se debe tener el máximo cuidado y beber con responsabilidad en todo momento. Si eso no es posible, pronto deberá empezarse un proceso de rehabilitación difícil y duradero. Hoy te contamos cómo incide la difícil relación entre alcohol y cerebro.

Las adicciones son uno de los peores pesares que puede sufrir una persona en cuanto a salud. Además de ser sufrimientos difíciles de superar, conllevan toda una serie de efectos a corto y largo plazo que pueden marcar a una persona para siempre. Esto es de especial importancia para la gente que es considerada como perteneciente a un colectivo vulnerable. La realidad es que algunos individuos están más predispuestos a padecer dependencias que otros. Y en consecuencia, se exponen a un riesgo mayor que otras personas cuando consumen drogas o padecen un trastorno de conducta por adicción.

A continuación, te explicamos las principales consecuencias de la relación alcohol y cerebro que afectan al organismo:

Efectos del alcohol sobre el cerebro a corto plazo

Las consecuencias del alcohol a corto plazo son las que primero se manifiestan al beber demasiado. Se trata de los síntomas que se identifican habitualmente con una “borrachera”. Aún así, en función de la condición de cada persona los daños pueden ser mayores o menores.

Cambios emocionales

Beber demasiado alcohol afecta a la red neuronal, la cual se encarga de transportar la información. Al tomar más alcohol de la cuenta, el cerebro no puede procesar correctamente todos los datos, y en consecuencia, este efecto se ve reflejado en la psicología de la persona y en su comportamiento.

Lagunas de memoria

La sustancia tóxica impide que las neuronas puedan interconectarse correctamente entre ellas para transportar el flujo de información. Con lo que se producen alteraciones en la red cerebral y no todos los datos pueden procesarse. En consecuencia, el bebedor de alcohol sufre pérdidas de memoria ocasionales a corto plazo.

Pérdida del conocimiento

Se trata de un fenómeno habitual en las personas que beben frecuentemente o en aquellas que toman alcohol demasiado rápido. El alto consumo de forma frenética incrementa el nivel de alcohol en la sangre entorpeciendo el sistema circulatorio. Por ello, se producen mareos, desfallecimientos y hasta pérdidas temporales del conocimiento.

Cambios de humor negativos

Cuando un bebedor de alcohol toma demasiado, su funcionamiento queda intervenido y no puede desarrollar sus tareas de la forma correcta. Este hecho se traduce en una conducta impulsiva que sería improbable de manifestarse de forma sobria.

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    Efectos del alcohol sobre el cerebro a largo plazo

    Por otra parte, los efectos del alcohol a largo plazo o que pueden llegar a volverse crónicos son los siguientes.

    Padecer trastornos emocionales

    El consumo de alcohol modifica el funcionamiento del cerebro. Y por tanto, cuando una persona se emborracha no puede actuar de un modo normal debido a los efectos que éste provoca sobre las neuronas y los receptores cerebrales de la información. En esta situación tienden a aparecer trastornos emocionales, como la depresión o la ansiedad.

    Impedimento del desarrollo cerebral

    El consumo social de alcohol sin control ni responsabilidad suficientes pueden crear graves consecuencias en la salud. Una de ellas es la limitación del desarrollo cerebral en personas de edad temprana, como los adolescentes o los menores de edad.

    Pérdida de neuronas

    Los efectos dañinos del alcohol afectan a cualquier edad, pero tienen un impacto mayor en los adolescentes. Debido a que su cerebro aún no está del todo desarrollado, la sustancia incide con más posibilidad de riesgo sobre su red cerebral. El consumo habitual impide el desarrollo de nuevas células neuronales. Por tanto, al pasar más tiempo con la adicción, el número de neuronas que se crean es inferior al habitual durante la etapa de crecimiento y maduración.

    Daños cerebrales considerables

    El hipocampo es una región cerebral que se encarga de almacenar la memoria y los nuevos datos. Cuando un adolescente se emborracha esta sección del cerebro puede quedar dañada parcial o totalmente impidiendo su capacidad para mantener o incrementar la memoria. Aún habiendo dejado la adicción es posible que los daños se mantengan o se vuelvan crónicos.

    Psicosis

    Tener como hábito frecuente beber alcohol puede llevar a sufrir episodios de psicosis. Un estado mental que se traduce en alucinaciones, paranoias e ilusiones. Además, si una persona deja de beber repentinamente puede padecer el delirium tremens o síndrome de abstinencia del alcohol. Un trastorno conductual que en los individuos con un largo historial de alcoholemia también lleva a un estado psicológico negativo.

    El Síndrome de Wernike-Korsakoff

    Una de las consecuencias del alcohol a largo plazo más habituales es la pérdida de vitamina B1. Una sustancia necesaria para almacenar la tiamina, indispensable para el funcionamiento normal del organismo. En el 80% de los casos, cuando un bebedor de alcohol recurrente abusa de la bebida puede padecer el Síndrome de Wernike-Korsakoff. Un trastorno que crea una encefalopatía en el cerebro y que es muy difícil de tratar.

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