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Clínica terapéutica privada y de desintoxicación para las adicciones y la patología dual con Registro Sanitario H 43606232 977 809 523 617 200 882 (24h)

La adicción, desde la fase más incipiente hasta la etapa más grave, es un proceso absorbente que empieza a arrebatarle al adicto el control de su vida. Al ir ganando terreno entre las prioridades del paciente, las demás cosas que hay en su vida toman un papel secundario que se va disipando hasta que quedan anuladas o desaparecen, ante la imposibilidad de prestarles atención y mantenerlas. Esto puede ocurrir con trabajos, amistades, carreras profesionales y proyectos a corto, medio y largo plazo. De la misma forma, suele ocurrir con las relaciones de pareja.

En muchos casos, este es un punto de inflexión ya que, si se trata de un vínculo importante para la persona afectada, puede suponer un aspecto diferencial en cómo avanza la patología según el nivel de apoyo o los estímulos recibidos por parte de su cónyugue.

A continuación, analizamos la forma en la que afecta e influye una adicción a la relación de pareja, y viceversa. Partimos del hecho que cada pareja es diferente y comparte un vínculo distinto y no todas las personas actúan de la misma forma al sufrir una adicción. De todas formas, sí existen algunos patrones comunes, tanto en adicciones con sustancia como en las adicciones comportamentales.

El cambio en el adicto provocado por la enfermedad

Las drogas o los comportamientos adictivos provocan que la persona afectada adopte actitudes que antes no formaban parte de su conducta como engañar, mentir, manipular o chantajear a la gente de su alrededor, y eso incluye a su pareja. Lejos de ser algo personal, estos comportamientos son desarrollados sin maldad ni voluntad de dañar al entorno, más como un mecanismo de defensa. La adicción empieza a tomar un papel principal en la vida de la persona afectada y se vuelve una necesidad imperiosa que es necesario cubrir a cualquier precio.

Esto, habitualmente, desencadena las actitudes mencionadas, así como algunas confrontaciones, que pueden resultar muy hirientes para el interlocutor al no reconocer a su pareja en esos comportamientos. Estos episodios van dañando a la pareja en mayor o menor medida según lo consciente que sea el cónyugue de la influencia psicológica de la adicción en el enfermo. De todas formas, la situación se vuelve muy complicada pues, por más comprensiva que sea la pareja del adicto, la convivencia a menudo es conflictiva y afecta enormemente a quién sufre de cerca el deterioro del drogodependiente.

Por si surge esa pregunta: sí, también ocurre de la misma forma si ambas personas de la relación son adictas, pues la enfermedad afecta de forma distinta a cada una y la relación se vuelve circunstancial. Como hemos dicho antes, se van perdiendo vínculos importantes, que quedan desplazados por la adicción. Esta se vuelve el centro de todas las prioridades y las decisiones se empiezan a tomar teniendo en cuenta el momento de poder consumarla.

¿Cómo es convivir con un drogodependiente para su pareja?

Algunos estudios reflejan que la adicción de cada paciente afecta de forma directa o indirecta a aproximadamente cuatro personas de su entorno. El adicto pasa a ser co-dependiente de estas personas quienes también acaban sosteniendo parte del peso de la adicción, pasando por alto algunos comportamientos por amor. A menudo, esto se hace para no tener que cortar la relación y abandonar a esa persona, que, por la adicción, es más vulnerable de lo que parece, pero el día a día puede ser realmente duro.

Algunas de las dificultades que atraviesa la pareja de la persona adicta son:

  • La culpabilidad de no haber sido capaz de evitar la situación, de no estar logrando un cambio positivo y de plantearse cortar la relación para acabar con el dolor. Es posible que no lo haga por la misma culpabilidad de dejarlo solo y generar un agravante en el trastorno.
  • Cuestionarse si los problemas que surgen en la relación no son por la adicción y que la persona es así, sin la posibilidad de cambiar.
  • La gestión de la codependencia. El adicto empieza a depender de su pareja para sobrevivir a la adicción, y el consorte dedica tiempo y esfuerzos a su pareja para anular los sentimientos negativos del desapego sentimental ocasionado por las situaciones tóxicas que la adicción provoca, además de para consolar sus necesidades emocionales de conexión, atención, cuidado e intimidad.

Cabe decir que otro de los puntos clave en las relaciones es la comunicación, y esta también se ve anulada ante la dificultad que supone entablar una conversación, sobre todo relativa a la adicción, con el adicto.

 

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    Los intentos más comunes por arreglar la situación

    Es muy importante ser conscientes de que quienes sufren un problema de adicción solo harán algo al respecto por dejarlo si están convencidos de que es necesario por su propio bien. Aunque la motivación de no perder más cosas en su vida puede ayudar, no serán capaces de cambiar su conducta por otra persona, deberán hacerlo por ellos.

    Además, es necesario tener en cuenta que la co-dependencia contribuye a que la persona con un problema de adicciones no busque ayuda, algo que retrasa y obstaculiza la posibilidad de recuperación.

    En un inicio suele haber una acusación de responsabilidad, en la que la pareja del adicto le indica la presencia de la enfermedad y que esa es la fuente de los problemas. Esta situación tiene múltiples salidas, que suelen explorarse en distintos puntos del conflicto ante la incertidumbre y la impotencia. Ultimátums, indiferencia, demostración de tristeza y dolor, e incluso es habitual que el cónyuge intente asumir un papel de guía para ayudar al adicto que no es recomendable y que, a menudo, no solo no resulta útil sino que también es contraproducente. Es por ello que es vital buscar ayuda profesional.

    En conclusión, no hacer nada por recuperarse de la adicción, es tomar la decisión consciente de renunciar a una relación de pareja sana, además de permitir el sufrimiento del entorno. Tener una pareja es posible para el adicto a corto plazo, pero solo es posible mantenerla si se empieza un proceso de recuperación guiado por profesionales, en el cual la pareja podrá participar activamente y ser un estímulo positivo para quién sufre la adicción.

    Vuelve a ser tu: recupera tu vida y la posibilidad de tener una relación de pareja

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