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Evitar Transmitir La Adicción A Las Pantallas De Padres A Hijos

Al hablar de adicción a las nuevas tecnologías, es común pensar en los adolescentes y jóvenes que han sustituido otras formas de ocio por pantallas. Hay determinadas generaciones, que por lo general son menores de 30 años, que han incorporado la tecnología en su día a día de una forma tan intensiva que superan el horario recomendado de consumo ¡por mucho! De todas formas, por diversas razones, los afectados no identifican este comportamiento como alarmante y lo perpetúan.

De una forma distinta a lo que pasa con el consumo de sustancias, es más difícil que quienes están a su alrededor actúen. Para las personas ajenas al contenido de la pantalla, indicar un mal uso del dispositivo es complicado ya que, en el mismo gesto, el usuario del dispositivo podría estar perdiendo el tiempo y simplemente entreteniéndose o podría estar trabajando y gestionando algo importante.

Por ese y por otros motivos, el uso de los teléfonos, tablets y ordenadores a todas horas, ha quedado blanqueado por la propia sociedad, también porque es fácil ignorar los efectos dañinos a corto plazo. De la misma forma, y por todo lo mencionado, también resulta complejo identificar la presencia de una adicción hasta que ya es muy evidente y, por lo tanto, grave.

La adicción a las pantallas no conoce edades

Como ocurre con cualquier adicción, incluyendo las relacionadas con sustancias psicotrópicas, cuando el cerebro desarrolla una dependencia, se produce una modificación en el circuito cerebral de la recompensa y una disfunción asociada a dificultades psicológicas o psiquiátricas. El córtex prefrontal deja de contribuir a la toma de buenas decisiones y se altera, afectando al autocontrol y a la capacidad de discernir entre actitudes positivas y nocivas.

Mientras que los jóvenes suelen desarrollar la adicción por imitación de su entorno, y por haber adoptado las pantallas como vía directa de entretenimiento -alargando el tiempo de ocio y abandonando la moderación ante las notificaciones y la necesidad de actualizaciones-, la dependencia de los adultos viene dada por su uso indiscriminado de las pantallas para cada vez más cosas.

Continuamente se desarrollan aplicaciones y herramientas que ofrecen alternativas digitales a necesidades que hasta ahora se cubrían de forma analógica. Los adultos seducidos por la novedad y la curiosidad prueban esta conversión a lo digital, que en muchos casos empieza a no ser optativa (como en los ámbitos laboral o financiero, por ejemplo), y se encuentran con que, pasado un tiempo, ya invierten la mayor parte de las horas de su día con el móvil, la tablet o el ordenador, tanto para cumplir con deberes y responsabilidades como para su tiempo de ocio.

Identificar el problema

La adicción se vuelve reconocible cuando se presenta la imposibilidad de acceder a Internet o a cualquiera de los dispositivos habituales. Es entonces que aparece una fuerte sensación de desamparo y de comprensión del problema. Una persona con adicción a las TIC sin dispositivos o batería, en un inicio creerá que no los necesita para seguir con su día. De todas formas, empezará a echar de menos su uso rápidamente, en ambos casos presentando distintos tics. Por ejemplo, buscando el móvil en el bolso o el bolsillo inconscientemente, echándolo de menos en la mano o apretando los botones de encendido instintivamente aún sabiendo que es inútil. También, si se tiene tiempo libre y todas las ideas que se le ocurren a la persona afectada para pasar el rato están relacionadas con el uso de Internet, el móvil o el ordenador.

 

 

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    La adicción como herencia

    Según múltiples estudios -tanto cuando hablamos de dependencia a sustancias como en el caso de trastornos comportamentales-, parece que la adicción sí es hereditaria.

    Como explicábamos anteriormente, la adicción afecta al desarrollo cerebral pero también al comportamiento y al genoma. Por ello, existen factores genéticos que pueden hacer que el descendiente de un adicto sea hasta un 60% más propenso a desarrollar una adicción que una persona sin antecedentes familiares.

    Además del factor genético, existe la influencia que los padres ejercen sobre sus hijos mediante sus acciones, y que en este caso también puede hacer que la adicción a las TIC de un adulto resulte directamente nociva para sus hijos.

    Para niños y jóvenes, presenciar conductas inadecuadas con Internet y los diversos dispositivos electrónicos de parte de sus padres puede producir:

    • Problemas en su desarrollo social. Al identificar como normal el hecho de ausentarse mentalmente mediante el uso del teléfono, pueden empezar a reproducir conductas antisociales en su entorno. Los problemas emocionales y de conducta, así como la incapacidad de comunicar correctamente, pueden ser también una consecuencia.
    • Imitación y problemas asociados al sobreconsumo de pantallas. Agresividad y apatía, irrealidad y tendencia a la fantasía o insomnio, son solo algunos de los daños colaterales asociados al uso inadecuado de dispositivos digitales.
    • Baja autoestima y pérdida de confianza en uno mismo. Un padre o madre adicto a las pantallas dejará de prestar tanta atención a su hijo. Esto puede ocasionar que este se sienta ignorado y piense que no es importante. Esto también está relacionado con la posible aparición del “síndrome de padre ausente” y el “abandono emocional” asociados a estos casos.

    Cómo abandonar la dependencia de las pantallas

    Es por todo lo anteriormente mencionado que es tan importante empezar un proceso de deshabituación en caso de existir una adicción al móvil. Por el propio afectado pero también por cómo puede repercutir en la salud y el bienestar de sus hijos.

    Como ocurre con cualquier adicción, dejarla por uno mismo es realmente complicado, pues cuando la identificamos como tal, significa que lleva tiempo consolidándose y lo más habitual es que ya esté muy arraigada. Proponerse cambiar de hábitos e iniciar una conducta distinta es muy positivo, pero no suele funcionar sin recurrir a especialistas.

    Además, sufrir varios intentos infructuosos puede promover sentimientos de frustración e impotencia. Al mismo tiempo, estos suelen derivar en seguir recurriendo a la adicción como una forma de parar de pensar en la imposibilidad de dejarla y en las emociones negativas que esto produce.

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